El Safari Rally de Kenia de esta semana (del 20 al 23 de marzo) es el único evento del calendario del WRC en el que los coches lucen visiblemente diferentes, un testimonio del brutal desafío que nos espera en África.

El Safari Rally de Kenia de esta semana (del 20 al 23 de marzo) es el único evento del calendario del WRC en el que los coches lucen visiblemente diferentes, un testimonio del brutal desafío que nos espera en África.
Las tripulaciones se enfrentarán a algunos de los caminos más difíciles de la temporada, luchando contra terrenos extremos y un clima impredecible. ¿La modificación más llamativa? El snorkel. Esta adición crucial ayuda a los motores a respirar al cruzar aguas profundas, una necesidad en un rally de 384 kilómetros de competición, lo que lo convierte en el más largo del año.
Los coches también son más altos de lo habitual, con suspensión elevada para sortear ondulaciones implacables y rocas demoledoras. Pero Safari no se trata solo de supervivencia; se trata de velocidad.

La compresión a alta velocidad es un factor clave: si bien las carreteras son exigentes, también son rapidísimas en algunos tramos. Una suspensión que absorba los impactos y mantenga la estabilidad marca la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Y no solo el chasis recibe un tratamiento especial. Los mapas del motor están optimizados para compensar las condiciones de gran altitud de Naivasha. Con un aire más fino que consume potencia, cada ajuste cuenta mientras las tripulaciones recorren las impresionantes llanuras africanas.
